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lunes, 14 de abril de 2014

La semilla del mango

Había una vez un señor que sembró una semilla de mango en el patio de su casa. Todas las tardes la regaba con cariño y repetía con verdadera devoción:

- Que me salga durazno, que me salga durazno...
Y así llegó a convencerse de que pronto iba a tener un árbol de duraznos en el patio de su casa.

Una tarde  vio con emoción que la tierra se estaba cuarteando y que una cabecita verde pujaba por salir a la búsqueda de los rayos del sol. Al día siguiente , en el patio de su casa, asistió emocionado al milagro del nacimiento de una vida.

- Me nació el árbol de duraznos- dijo el hombre con satisfacción y orgullo.

Hasta se puso a imaginar que en unos años la familia podría disfrutar de unas suculentas cosechas de duraznos. En las tardes , mientras cuidaba  y atendía con cariño a su árbol , le hablaba como a un hijo y le decía:

- Tienes que ser un verdadero árbol de duraznos; bien distinto y diferente a esos árboles de mangos populacheros que crecen silvestres y que , en época de cosecha, llenan los patios de las casas.

El árbol fue creciendo y un día el hombre vio, primero con duda, después con incredulidad y desconcierto, que lo que estaba creciendo en el patio de su casa no era un árbol de duraznos sino un árbol de mangos. El hombre dijo con despecho y con tristeza:

- No entiendo cómo me pudo pasar esto a mí, tanto que le dije que fuera durazno y me salió mango.

Y es que se recoge lo que se siembra.

lunes, 10 de febrero de 2014

La oruga

Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se hallaba un saltamontes.
- ¿ Hacia dónde te diriges?- le preguntó sin dejar de caminar.

La oruga respondió:
- Anoche tuve un sueño. Soné que desde la cima de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que soñé y he decidio realizarlo.
Sorprendido, el saltamontes le dijo a la oruga mientras se alejaba:
-¡ Tú estás loca! ¿ Acaso crees que podrás llegar allí? Tú eres una simple oruga, para tí una piedra ya es una montaña y un charco , un mar; cualquier tronco, una muralla infranqueable.
Pero la orugita ya se había alejado lentamente y continuaba su marcha sin parar.
De pronto, la oruga oyó la voz de un escarabajo:
- ¿ Hacia dónde vas oruga, tan decidida?
Sudando , la oruga le dijo jadeante:
- Tuve un sueño que me gustó tanto que decidí realizarlo. Voy a subir a esa montaña y desde la cima contemplaré todo nuestro mundo.
El escarabajo no pudo aguantarse de risa, soltó una carcajada y le dijo:
- No yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso.
Y se quedó en el suelo, tumbado de la risa, mientras la oruga continuaba su camino, avanzando centímetro a centímetro.
De la misma forma que había encontrado al saltamontes y al escarabajo, la oruga se topó en su camino con la araña, el topo, la rana y la flor. Todos le aconsejaron desistir de su empeño:
- ¡No lo lograrás jamás! Estás perdiendo el tiempo. Sería mejor que te resignars a ser una oruga . ¡Eres demasiado ambiciosa!
Pero dentro de la oruga había un fuerte impulso que la hacía seguir . Cansada cada vez más, agotada y sin fuerzas, hubo un momento en que se sintió morir y decidió parar a descansar y construir , con su último esfuerzo, un lugar donde pasar la noche.
- Estaré mejor mañana- fue lo último que la origa dijo, y murió.
Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como tumba un monumento a la insensatez: ahí estaba un duro refugio, digno de alguien que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto, con asombro, vieron unos ojos y unas antenas que no podían ser los de la oruga que creían muerta.
Una bella  mariposa voló hacia la cima de la montaña y miró todo el valle, situado a sus pies.